Revolucionarios del arte en el Pinar

Una de las materias que más disfruté durante la universidad fue Historia del Arte. Teníamos una maestra que impartía la clase desde uno de los campus en la Ciudad de México, éramos de los primeros grupos en tomar clase a través de videoconferencia. Si mal no recuerdo era 1997, así que Zoom no había llegado a nuestras vidas y aquel sistema era completamente novedoso. Movilizar a todo el salón hacia la sala de audiovisuales era todo un acontecimiento que ocurría tres veces por semana.

La maestra era un poco diferente a lo que estábamos acostumbrados. Cursábamos la carrera de Diseño, así que generalmente tanto los profesores como nosotros vestíamos con un estilo bastante desenfadado, las manos siempre llenas de pintura y tinta china. Ella, en cambio, era muy alta y sofisticada. Su delicada forma de conducir la clase nos mantenía embelesados durante las casi tres horas que duraba. Hablaba con muchísima pasión y naturalidad y llevaba la clase a modo de anécdota, algo que siempre ha facilitado mi aprendizaje.

Han pasado más de veinte años desde que salí de la carrera. Sin realmente proponérmelo, mi vida profesional me ha mantenido cerca del arte y la cultura. La historia del arte es un tema que me sigue llamando, así que cuando a finales de 2021 encontré la publicidad de una clase que ofrecía Andrea Molina Millet en El Pinar, no dudé. Compré un par de boletos y el martes 28 de diciembre asistí con mi marido, al que agradezco el dejarse convencer y acompañarme.

El Pinar es una de las casas más emblemáticas de Mérida, construida aproximadamente en 1905 durante el auge henequenero en Yucatán. Ese martes, después de registrarnos, nos invitaron a pasar a la antesala donde Andrea nos contó detalles de la construcción y las diferentes familias a las que perteneció hasta llegar a la de su abuelo, José Trinidad Molina Castellanos, «Don Trino Molina». Compartió anécdotas sobre el mobiliario y sus espacios favoritos, invitándonos en todo momento a recorrer la casa y a sentirla propia, con ese particular acento yucateco que amo, ese que nos da tanta naturalidad y cercanía al hablar. Como bien lo define mi marido, nos hace ser muy «chempó»: personas alivianadas, divertidas y muy yucatecas.

Visitamos la biblioteca, la sala, el comedor en la primera planta y las habitaciones en la segunda, mientras Andrea nos contaba sobre los muebles originales que aún se conservan. Al terminar el recorrido nos dirigimos a la parte posterior de la casa, donde la clase se realizaría en una terraza abierta junto a la piscina. Durante poco más de cuatro horas, Andrea habló con pasión y como si se tratase de sus contemporáneos de Miguel Ángel, Caravaggio, Bernini, Rembrandt, Jacques-Louis David, Van Gogh, Picasso y Pollock, en una clase que tituló Revolucionarios del arte.

En el receso nos invitó a subir al ático, un espacio abierto en el tercer piso de color verde agua que aún conserva las estructuras de madera que dividían los cuartos del servicio. Después bajamos al comedor principal, donde los bocadillos y pastelería nos esperaban.

De regreso a la clase, los minutos pasaron deprisa. La forma tan particular que tiene Andrea de hablar sobre arte nos hacía sentir mucho más humanos a este grupo de artistas que tanto admiramos y que a ratos sentimos tan fuera de la realidad. Durante la sesión proyectaron diapositivas con información destacada de las obras y los artistas, con un lenguaje cercano que ayudaba a digerir la información; era como si hojeáramos un álbum de fotos, mientras escuchamos anécdotas divertidas de algún familiar.

Definitivamente valió la pena. Si te interesa conocer más sobre el trabajo de Andrea, puedes seguirla en Instagram como andreinart, una cuenta que en 2020 fue reseñada por la revista Forbes entre las tres mujeres mexicanas a seguir durante la cuarentena. También puedes encontrar sus cursos y clases, gratuitos y de pago, en clasesandreinart.com.

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